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const artículo = "La difícil tarea de motivar al alumnado" |

10 de julio de 2026  —  ← Volver a Artículos

motivación función docente aprendizaje FP metodologías activas clima de aula

Es evidente que la motivación del alumnado juega un papel fundamental en su proceso de aprendizaje. Un alumno motivado aprende más, aprende mejor y con menos esfuerzo personal. Por el contrario, un alumno poco motivado tiende a participar menos, dedicar menos esfuerzo a su aprendizaje y, en consecuencia, suele obtener peores resultados.

Al mismo tiempo, para muchos de nosotros motivar a los alumnos no es un objetivo fácil. Influyen muchos factores: la brecha generacional entre alumnos y profesores nos dificulta entender sus intereses, no compartimos los mismos gustos, la diversidad del grupo hace que lo que pueda motivar a algunos no surta efecto en otros, etc. Sin duda hay profesores que son excelentes motivadores, pero para otros entre los que me incluyo, motivar es una tarea propia de Sísifo.

De hecho, algunos compañeros optan por la posición: "que vengan motivados de casa". Y eso nos lleva a preguntarnos si es nuestra obligación como profesores motivar a los alumnos. La Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación (alias "LOMLOE") en su artículo 91 establece las Funciones del Profesorado y en ninguno de sus 12 puntos menciona específicamente la motivación. Sin embargo, la motivación del alumnado sí se cita, en el Artículo 1, como uno de los principios inspiradores de la ley. Y también en su preámbulo se indica que "el profesorado deberá esforzarse por construir entornos de aprendizaje ricos, motivadores y exigentes".

Sea o no sea una obligación formal, si queremos motivar a nuestros alumnos, ¿cómo podemos hacerlo?

Quizás el punto de partida deba estar en entender porqué algunos alumnos no están motivados. Se hace difícil entender esta falta de motivación teniendo en cuenta que cada competencia que adquieren o dejan de adquirir condiciona su futuro puesto de trabajo, sus condiciones laborales, su sueldo y, en definitiva, su calidad de vida. ¿Cómo puede un futuro profesional no intentar aprender lo máximo posible de su profesión?

Lo cierto es que muchos de nuestros alumnos no tienen una idea clara de cómo será su trabajo por lo que les cuesta visualizar cómo se aplicarán los aprendizajes de clase. Otros entraron con dudas en el ciclo y otros incluso llegaron confundidos o forzados. No podemos esperar que todos reconozcan el valor que tendrán los aprendizajes para su futuro.

Y, con esto en cuenta, ¿cómo podemos motivarles? Se me ocurren tres puntos clave:

1. Diversión

Obviamente si las clases son divertidas se facilita la asistencia y la atención. Quizás no sea necesario llegar a la carcajada, pero crear un ambiente distendido, alegre y relajado en clase ayudará al aprendizaje. Al mismo tiempo, una buena relación con los alumnos, con una comunicación abierta y sincera hará que ir a clase sea agradable y facilitará la adquisición de competencias tanto técnicas como "blandas". Un buen clima de aula manteniendo el respeto en todos los sentidos (entre el alumnado y entre el alumnado y el profesorado) es esencial para conseguir la motivación que buscamos.

2. Interés

A mi personalmente me apasiona la Programación. Cualquier aspecto de ella me resulta interesante. Pero no puedo esperar que mis alumnos tengan el mismo interés. A ellos, los contenidos y ejercicios que hacemos pueden resultarles interesantes por dos motivos: o bien porque conectan con alguna de sus áreas de interés o bien porque ven su aplicación directa a su futuro profesional. En ninguna de estas dos categorías entran los ejercicios de Fibonacci, de números primos o de figuras con estrellitas que se incluyen en tantos libros de Programación. Son mejores casos prácticos de aplicación directa (gestión de clientes, optimización de rutas, facturación, etc.) o con temas atrayentes (yo suelo utilizar personajes de rol, contextos de películas o series conocidas, videojuegos, etc.).

3. Metodologías

Hacer siempre lo mismo es aburrido. Si además lo haces solo es aún más aburrido. Ya sabemos que el aprendizaje es "social"; se aprende mejor con actividades de equipo, colaborativas donde los alumnos se ayuden unos a otros. El problema puede ser cómo evaluar las actividades en equipo, pero tanto los alumnos más aventajados como los menos, obtienen mejores resultados trabajando en equipo (que además es cómo trabajarán profesionalmente). Por lo tanto, si queremos mejorar la motivación, debemos programar actividades basadas en metodologías activas y preferentemente colaborativas. Podemos combinar clases invertidas con aprendizaje basado en proyectos, aprendizaje servicio, actividades gamificadas, etc.

En definitiva, puede que la ley no diga expresamente que tengamos que motivar al alumnado, lo cual seguramente tranquilizará a quienes esperan que vengan motivados de casa. Pero también es verdad que, si no queremos pasar el curso empujando la misma piedra cuesta arriba, quizá convenga aceptar que algo tendremos que hacer. No se trata de convertir cada clase en un espectáculo, ni de conseguir que Fibonacci o los números primos despierten pasiones inesperadas. Se trata, simplemente, de intentar que las clases sean agradables, que los contenidos tengan algún sentido para ellos y que las metodologías no consistan siempre en hacer lo mismo, solos y en silencio. Si con eso conseguimos que tengan más ganas de aprender, probablemente ya habremos avanzado bastante. Y si no, al menos habremos hecho el intento, que tampoco es poca cosa.


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